Muestran el camino, mas Tú das fuerzas para la jornada. Obran solo exteriormente, mas Tú instruyes e iluminas el corazón. Riegan, mas Tú das el crecimiento. Claman con palabras, mas Tú das entendimiento al que escucha.
Por tanto, no me hables Moisés, sino Tú, Señor Dios mío, Verdad Eterna; no sea que muera y no dé fruto, amonestado exteriormente, pero no encendido por dentro; no sea que la palabra oída mas no seguida, conocida mas no amada, creída mas no obedecida, se levante contra mí en el juicio.
«Habla, Señor, que tu siervo escucha»; «Tú tienes palabras de vida eterna».
Háblame para consuelo de mi alma, para enmienda de toda mi vida, y para alabanza, gloria y honor eterno de tu Nombre.