Que la gracia de Dios no se une a aquellos que ponen la mente en las cosas terrenales.
“Hijo mío, preciosa es mi gracia, y no soporta unirse a cosas exteriores ni a consuelos terrenos. Por tanto, debes desechar todo lo que estorbe la gracia, si anhelas recibir su efusión.
Busca un lugar secreto para ti, ama morar a solas contigo mismo, no desees la conversación de nadie; antes bien, derrama tu devota oración a Dios, para que poseas un espíritu contrito y una conciencia pura.
Ten todo el mundo por nada; procura estar a solas con Dios por encima de todas las cosas exteriores. Pues no puedes estar a solas Conmigo y al mismo tiempo deleitarte en las cosas transitorias.
Debes apartarte de tus conocidos y caros amigos, y mantener tu mente libre de todo consuelo mundano. Así lo ruega el bienaventurado apóstol Pedro, que los fieles de Cristo se comporten en este mundo como extranjeros y peregrinos.
“¡Oh, cuán grande será la confianza del moribundo a quien ningún apego a cosa alguna detiene en el mundo! Pero tener un corazón tan separado de todas las cosas, el alma enfermiza aún no lo comprende, ni el hombre carnal conoce la libertad del hombre espiritual. Mas si en verdad desea tener mente espiritual, debe renunciar tanto a los que están lejos como a los que están cerca, y no cuidarse de ningún hombre más que de sí mismo. Si te conquistas perfectamente a ti mismo, con suma facilidad someterás todo lo demás. La victoria perfecta es el triunfo sobre uno mismo.