murallas y abundancia de alabanza dentro de Tus palacios», aun en mi conciencia pura. Manda a los vientos y a las tormentas, dile al mar: «Enmudece», dile al viento tempestuoso: «Calla», y así habrá una gran bonanza.
“Oh, envía Tu luz y Tu verdad”, para que brillen sobre la tierra; pues no soy más que tierra informe y vacía hasta que Tú me des luz.
Derrama Tu gracia desde lo alto; riega mi corazón con el rocío del cielo; da las aguas de la devoción para regar la faz de la tierra, y haz que produzca un fruto bueno y perfecto.
Eleva mi mente, que está oprimida por el peso de los pecados, y alza todo mi deseo hacia las cosas celestiales; para que, habiendo probado la dulzura de la felicidad que viene de arriba, no encuentre ya placer en pensar en las cosas de la tierra.
Atráeme y líbrame de todo consuelo pasajero de las criaturas, porque ninguna cosa creada es capaz de saciar mi deseo ni de darme consuelo. Uneme a Ti por el vínculo inseparable del amor, porque Tú solo le bastas al que te ama, y sin Ti todas las cosas son vanos juguetes.