Pero el hombre verdaderamente paciente no considera por qué hombre es probado, si por un superior, por un igual o por un inferior, si por un hombre bueno y santo, o por uno perverso e indigno; sino que, indistintamente de toda criatura, sea cual fuere o cuán a menudo le sobrevenga la adversidad, lo acepta todo con gratitud de la mano de Dios y lo estima como gran ganancia: porque ante Dios nada de lo que se soporta por Su causa, por pequeño que sea, perderá su recompensa.
“Prepárate pues para el combate si quieres alcanzar la victoria. Sin lucha no puedes ganar la corona de la paciencia; si no quieres sufrir, te niegas a ser coronado. Mas si deseas ser coronado, lucha varonilmente, soporta con paciencia. Sin trabajo no te acercas al descanso, ni sin combatir llegas a la victoria.”
Haz posible para mí, Señor, por gracia lo que me parece imposible por naturaleza.
Tú sabes cuán poco soy capaz de soportar, y cuán pronto soy abatido cuando se levanta contra mí una adversidad semejante.
Cualquier prueba de tribulación que venga a mí, que me sea agradable y aceptable, pues sufrir y ser atribulado por causa Tuya es sumamente provechoso para el alma.