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nydus/The Imitation of ChristPublic
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XXV. De la enmienda fervorosa de toda nuestra vida

De la enmienda fervorosa de toda nuestra vida.

Velador y diligente sé en el servicio de Dios, y piensa a menudo por qué has renunciado al mundo.

¿No fue acaso para que vivieras para Dios y te hicieras un hombre espiritual?

Sé fervoroso, por tanto, en tu provecho espiritual, pues recibirás muy pronto el galardón de tus fatigas, y ni el temor ni la tristeza vendrán ya más a tus confines.

Ahora laborarás un poco, y hallarás gran descanso, sí, gozo eterno.

Si permaneces fiel y fervoroso en el trabajo, no dudes que Dios será fiel y generoso al recompensarte.

Es tu deber abrigar la buena esperanza de que alcanzaras la victoria, pero no debes caer en la seguridad no sea que te vuelvas perezoso o te ensoberbezcas.

Cierto hombre, que se hallaba con el alma atribulada, continuamente agitado entre la esperanza y el temor, y viéndose cierto día abrumado por el dolor, se postró en oración ante el altar de una iglesia y meditaba dentro de sí, diciendo: «¡Ah, si al menos supiera que he de perseverar!», y al instante oyó en su interior una voz de Dios que le decía: «Y si lo

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