¿Cuándo habrá paz sólida, paz inamovible y segura, paz por dentro y por fuera, paz firme por todas partes? Jesús bendito, ¿cuándo estaré en pie para contemplarte? ¿Cuándo contemplaré la gloria de tu reino? ¿Cuándo serás para mí todo en todos? Oh, ¿cuándo estaré contigo en tu Reino que has preparado desde la fundación del mundo para los que te aman? Me he quedado desamparado, exiliado en una tierra hostil, donde hay guerras diarias y graves desgracias.
Consuela mi destierro, mitiga mi dolor, pues hacia Ti suspira todo mi deseo.
Pues todo me es una carga, cualquiera que sea la cosa que este mundo ofrece para consuelo.
Anhelo gozarte íntimamente, pero no puedo alcanzarlo. Deseo unirme a las cosas celestiales, pero las cosas temporales y las pasiones no mortificadas me abaten. En mi mente querría estar por encima de todas las cosas, pero en mi carne me veo obligado involuntariamente a estar por debajo de ellas.
Así, ¡desdichado de mí!, lucho conmigo mismo, y me torno gravoso aun para mí mismo, mientras el espíritu busca estar arriba y la carne abajo.
Oh, cuánto sufro interiormente, mientras con la mente discuto sobre las cosas celestiales, y de pronto una multitud de cosas carnales se precipita sobre mí mientras oro. > “Dios mío, no te alejes de mí”, ni te apartes con ira de tu siervo. “Lanza tu rayo y dispérsalos; envía tus saetas”,