Del hombre bueno y pacífico.
Primero guárdate a ti mismo en paz, y luego podrás ser pacificador con los demás.
Un hombre pacífico hace más bien que uno muy instruido. El hombre apasionado convierte aun el bien en mal y cree fácilmente en el mal; el hombre bueno y pacífico lo convierte todo en bien.
El que habita en paz no sospecha de nadie, pero el descontento y el inquieto es agitado por muchas sospechas, y ni está tranquilo en sí mismo ni deja tranquilos a los demás. A menudo dice lo que no debe decir, y omite lo que le sería más conveniente hacer.
Considera a qué deberes están obligados los demás, y descuidase a sí mismo de aquellos a los que está obligado. Por tanto, sé celoso primero contigo mismo, y entonces podrás ser con justicia celoso respecto de tu prójimo.
Bien sabes excusar y colorear tus propios hechos, pero no quieres aceptar las excusas de los demás. Más justo sería acusarte a ti mismo y excusar a tu hermano. Si quieres que los demás te soporten, soporta tú a los demás. He aquí cuán lejos estás todavía de la verdadera caridad y humildad, que no sabe enojarse ni indignarse contra nadie sino contra sí sola. Gran cosa no es mezclarse con los buenos y los mansos, pues esto agrada naturalmente a todos, y cada uno de nosotros goza de buena gana de la paz y quiere más a quienes piensan como nosotros; mas poder vivir