“A veces, en verdad, es necesario usar la violencia, y luchar varonilmente contra el apetito sensual, y no considerar lo que la carne quiera o no quiera; sino más bien luchar por esto, para que ella quede sujeta, por muy a su pesar que sea, al espíritu.
Y por tanto tiempo debe ser castigada y obligada a sufrir servidumbre, hasta que esté dispuesta a todas las cosas, y aprenda a contentarse con poco, a deleitarse con las cosas sencillas y a no murmurar jamás de ninguna incomodidad”.