Que la gracia de la devoción se adquiere por la humildad y la abnegación.
La voz del amado.
Debes buscar con diligencia la gracia de la devoción, pedirla con fervor, esperarla con paciencia y fidelidad, recibirla con gratitud, preservarla con humildad, trabajar con ella diligentemente y dejar en manos de Dios el tiempo y la manera de la visitación celestial hasta que llegue.
Principalmente debes humillarte cuando sientas interiormente poca o ninguna devoción, y sin embargo no abatirte demasiado ni entristecerte sin medida. Dios a menudo da en un breve momento lo que ha negado por largo tiempo; a veces da al final lo que al principio de la oración había deferido dar.
Si la gracia fuera dada siempre inmediatamente, y estuviera a la mano al desearla, difícilmente sería soportable para el hombre débil.
Por lo cual, la gracia de la devoción ha de esperarse con buena esperanza y con humilde paciencia.
Empero, atribúyelo a ti mismo y a tus pecados cuando no te es dada, o cuando te es misteriosamente retirada.
A veces es una pequeña cosa la que estorba y oculta la gracia; (si es que en verdad aquello debe llamarse pequeño y no más bien grande, lo que estorba tan gran bien); mas si tú quitas esto, pequeño o grande, y lo vences perfectamente, tendrás lo que has pedido.
Porque desde el instante en que te hayas entregado a Dios con todo tu corazón, y no hayas buscado esto ni aquello según tu propia voluntad y