Todo consuelo humano es vano y efímero; bienaventurado y verdadero es aquel consuelo que se siente interiormente, emanando de la verdad. El hombre piadoso lleva por doquier consigo a su propio Consolador, Jesús, y le dice: > «Señor Jesús, estate conmigo siempre y en todo lugar. Que mi consuelo sea poder renunciar alegremente a todo consuelo humano. Y si faltare tu consolación, que tu voluntad y tu justa aprobación estén siempre conmigo como el supremo consuelo. “Porque no contenderá para siempre, ni guardará para siempre su
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XVI. Que el verdadero consuelo debe buscarse solo en Dios
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