mismo es un camino más seguro hacia Dios que la profunda búsqueda de la erudición humana. No es que la ciencia deba ser censurada, ni el tomar en cuenta cosa alguna que sea buena; sino que una buena conciencia y una vida santa son mejores que todo. Y porque muchos buscan la ciencia antes que el buen vivir, por eso se desvían y dan poco o ningún fruto.
¡Oh, si pusieran tanto empeño en extirpar el vicio y plantar la virtud como el que dedican a vanas cuestiones: no habría tantas maldades y tropiezos entre los laicos, ni tan mala vida en las casas de religión!
A ciencia cierta, en el Día del Juicio se nos pedirá cuentas, no de lo que hemos leído, sino de lo que hemos hecho; no de cuán bien hemos hablado, sino de cuán santamente hemos vivido.
Dime, ¿dónde están ahora todos aquellos maestros y doctores a quienes conociste muy bien mientras vivían con vosotros y florecían en el saber? Sus sitiales están ocupados ahora por otros, que tal vez jamás tienen un pensamiento para con ellos. Mientras vivían parecían ser alguien, pero ahora nadie habla de ellos.