corazón estando en vuestra cama y callad». En la soledad hallarás lo que a menudo perderás fuera. La soledad, si perseveras en ella, se vuelve dulce, pero si no la guardas, engendra fastidio. Si al principio de tu conversión habitas en ella y la guardas bien, te será después una amiga entrañable y un consuelo de lo más agradable.
En silencio y en quietud avanza el alma devota y aprende las cosas ocultas de las Escrituras.
Halla en ellas una fuente de lágrimas, con la que lavarse y limpiarse cada noche, para hacerse tanto más querida a su Creador cuanto más se aleja de toda distracción mundana.
Aquel que se aparta de sus conocidos y amigos se verá favorecido por la cercanía de Dios y de sus santos ángeles.
Más vale pasar desapercibido y ocuparse de uno mismo que descuidarse a sí mismo y hacer prodigios.
Es digno de alabanza que un hombre religioso salga raras veces, que huya de dejarse ver y que no tenga deseo de ver a los hombres.
¿Por qué habrías de ver lo que no puedes poseer? > “El mundo pasa, y sus deseos.” Los deseos de la sensualidad te atraen hacia afuera, pero pasada una hora, ¿qué traes a casa sino un peso sobre tu conciencia y distracción en el corazón? * ¿Una alegre salida no trae a menudo un regreso penoso, y una tarde alegre no hace una mañana triste? Así comienza todo gozo carnal amablemente, pero al final corroe y destruye. ¿Qué puedes ver afuera que no veas en tu casa? He aquí