Aún hay tiempo, la hora no ha pasado. ¿Por qué habrás de posponer tu resolución? Levántate, comienza este mismo momento y di: «Ahora es el tiempo de actuar; ahora es el tiempo de luchar; ahora es el momento oportuno para la enmienda». Cuando te sientas indispuesto y atribulado, entonces es el momento en que estás más cerca de la bendición. Has de «pasar por el fuego y por el agua», para que «Dios te lleve a un lugar de abundancia». A menos que te hagas violencia a ti mismo, no vencerás tus faltas. Mientras llevemos con nosotros este frágil cuerpo, no podremos estar sin pecado, no podremos vivir sin cansancio y tribulación. De buena gana tendríamos descanso de toda miseria; pero como por el pecado hemos perdido la inocencia, hemos perdido también la verdadera felicidad. Por tanto, debemos ser pacientes y esperar la misericordia de Dios, «hasta que pase esta tiranía» y esta «mortalidad sea absorbida por la vida».
¡Oh, cuán grande es la fragilidad del hombre, que siempre es propenso al mal!
Hoy confiesas tus pecados, y mañana vuelves a cometer los pecados que confesaste.
Ahora te propones evitar una falta, y en menos de una hora te comportas como si nunca te hubieras propuesto nada.
Con razón, pues, debemos humillarnos y no pensar jamás con altivez de nosotros mismos, viendo cuán frágiles e inestables somos.
Y pronto puede perderse por nuestra negligencia lo que con tanto trabajo y difícilmente se alcanzó por la gracia.
¿Qué será de nosotros al final, si al principio somos tibios y perezosos?