Porque quien se mantiene en tal sujeción que los afectos sensuales obedecen a la razón, y la razón en todas las cosas Me obedece a Mí, ése es verdaderamente vencedor de sí mismo y señor del mundo.
“Si deseas subir a esta altura, debes comenzar con valentía y poner el hacha en la raíz, con el fin de arrancar y destruir la inclinación desordenada y oculta hacia ti mismo, y hacia todo bien egoísta y terrenal.
De este pecado, el de que el hombre se ama a sí mismo con demasía, depende casi todo lo que es menester vencer por completo: una vez que ese mal es conquistado y hollado, habrá gran paz y tranquilidad continuamente.
Mas porque pocos se esfuerzan fervientemente en morir por completo a sí mismos, y no salen de corazón de sí mismos, por eso permanecen enredados en su propio ser, y no pueden ser elevados en espíritu por encima de sí mismos.
Pero el que desea caminar en libertad conmigo, necesita obligatoriamente mortificar todos sus malos y desordenados afectos, y no debe apegarse a ninguna criatura con amor egoísta”.