pacíficamente con los duros y perversos, o con los desordenados, o con los que nos contradicen, esto es una gran gracia, una cosa muy digna de alabanza y de un hombre.
Hay quienes se conservan en paz y guardan la paz también con los otros; y hay quienes ni tienen paz ni toleran que otros la tengan; son molestos para los demás, pero siempre mucho más molestos para sí mismos.
Y hay quienes se mantienen en paz y procuran llevar a los otros a la paz; sin embargo, toda nuestra paz en esta triste vida yace en el humilde sufrimiento más que en no sentir las adversidades.
Aquel que mejor sabe sufrir poseerá la mayor paz; ese hombre es vencedor de sí mismo y señor del mundo, amigo de Cristo y heredero del cielo.