De la escasez de los que aman la Cruz de Jesús.
Jesús tiene muchos amantes de su reino celestial, pero pocos portadores de su Cruz.
Tiene muchos buscadores de consuelo, pero pocos de tribulación.
Halla muchos compañeros de su mesa, pero pocos de su ayuno.
Todos desean regocijarse con Él, pocos están dispuestos a padecer algo por amor a Él.
Muchos siguen a Jesús para comer de sus panes, pero pocos para beber del cáliz de su pasión.
Muchos se asombran de sus milagros, pocos siguen la ignominia de su Cruz.
Muchos aman a Jesús mientras no les sobrevienen adversidades.
Muchos le alaban y le bendicen, mientras reciben algún consuelo de Él.
Pero si Jesús se esconde y se aparta de ellos un poco, caen ya sea en la queja o en un abatimiento excesivo del alma.
Pero los que aman a Jesús por causa de Jesús, y no por alguna consolación propia, lo bendicen en toda tribulación y angustia de corazón como en la más alta consolación. Y si jamás les diere consolación, con todo siempre lo alabarían y siempre le darían gracias.