¡Oh, si quisieras enteramente con Tu presencia encenderme, consumirme y transformarme en Ti mismo; para que yo sea hecho un solo espíritu Contigo, por la gracia de la unión interior y el derretimiento del amor fervoroso!
No permitas que me aleje de Ti hambriento y seco; sino trátame con misericordia, como tantas veces lo has hecho maravillosamente con Tus santos.
¿Qué maravilla sería si yo me encendiera por completo en Ti, y en mí mismo decayera por completo, puesto que Tú eres fuego que siempre arde y nunca decae, amor que purifica el corazón e ilumina el entendimiento?