más abundante, y guárdate mucho de la vana confianza y del orgullo. Por causa de esto muchos son inducidos a error, y a veces caen en una ceguera casi irremediable. Que esta ruina de los soberbios, que neciamente se enaltecen, te sirva de advertencia y de continua exhortación a la humildad».
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VI. De la prueba del verdadero amante
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