Codal
nydus/The Imitation of ChristPublic
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I

¡Oh palabra dulce y amable en los oídos del pecador, que Tú, Señor Dios mío, invites a los pobres y necesitados a la comunión de tu santísimo cuerpo y sangre! Mas ¿quién soy yo, Señor, para atreverme a llegar a Ti? He aquí que «los cielos de los cielos no pueden contenerte», y con todo dices: «Venid todos a mí».

¿Qué significa esta tan clemente condescendencia, esta tan amable invitación?

¿Cómo osaré acudir, yo que no conozco en mí bien alguno de donde pueda presumir?

¿Cómo osaré introducirte en mi casa, viendo que tantas veces he pecado ante tus amorosísimos ojos?

Los Ángeles y los Arcángeles te guardan reverencia, los Santos y los justos te temen, ¡y tú dices: «Venid a mí!»!

Si tú, Señor, no lo hubieras dicho, ¿quién lo creería verdad?

Y si tú no lo hubieras mandado, ¿quién se atrevería a acercarse?

He aquí, Noé, aquel hombre justo, trabajó durante cien años en la construcción del arca, para poder salvarse con unos pocos; y yo, ¿cómo podré en una hora prepararme para recibir al Hacedor del mundo con reverencia? Moisés, tu siervo, tu grande y especial amigo, hizo un arca de madera incorruptible, que además revistió de oro purísimo, para depositar en ella las tablas de la ley, y yo, criatura corruptible, ¿osaré recibir así tan fácilmente a Ti, Legislador y Dador de la vida? Salomón, el más sabio de los reyes de Israel, tardó siete años en edificar su magnífico templo para alabanza de tu Nombre, y durante ocho días

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