¡Oh, cuán rápidamente pasa la gloria del mundo!
¡Ojalá su vida y su ciencia hubiesen estado de acuerdo! Pues entonces habrían leído e investigado con un buen propósito.
Cuántos perecen a causa de la vanidosa erudición en este mundo, que se preocupan poco por servir a Dios. Y porque prefieren ser grandes a ser humildes, por eso “se han vuelto vanos en sus razonamientos”.
- Es verdaderamente grande solo aquel que tiene una gran caridad.
- Es verdaderamente grande quien se tiene a sí mismo por pequeño y reputa como nada toda altura de honor.
- Es verdaderamente sabio quien estima todas las cosas terrenales como estiércol para poder ganar a Cristo.
- Y es verdaderamente docto quien hace la voluntad de Dios y abandona su propia voluntad.