El que busca una disciplina más fácil y ligera estará siempre en apuros, porque una u otra cosa le causará desagrado.
¡Oh! ¡Si no tuviéramos otro deber más que alabar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón y nuestra voz!
¡Oh! Si jamás tuvieses necesidad de comer, beber o dormir, sino que siempre pudieras alabar a Dios y entregarte únicamente a los ejercicios espirituales; entonces serías mucho más feliz que ahora, cuando por tantas necesidades tienes que servir a la carne.
¡Oh! Ojalá no existieran estas necesidades, sino únicamente los refrigerios espirituales del alma, los cuales, ¡ay!, gustamos demasiado raras veces.
Cuando el hombre ha llegado a esto, que no busca consuelo en ninguna cosa creada, entonces comienza perfectamente a gozar de Dios, y entonces también estará bien contento con cualquier cosa que le aconteciere.
Entonces ni se alegrará por mucho ni se entristecerá por poco, sino que se entrega por completo y con toda confianza a Dios, que lo es todo en todo para él, para quien nada perece ni muere, sino que todas las cosas viven para Él y obedecen a su sola palabra sin demora.
Recuerda siempre tu fin, y cómo el tiempo que se pierde no vuelve. Sin solicitud y diligencia nunca alcanzarás la virtud. Si comienzas a entibiarte, te irá mal; pero si te entregas al fervor, hallarás mucha paz, y tu trabajo te parecerá más ligero por la gracia de Dios y el amor a la virtud. El hombre fervoroso y diligente está preparado para todas las cosas. Es mayor trabajo resistir a los pecados y a las pasiones que afanarse en los trabajos corporales.