a nadie, ni despide con las manos vacías a quien confía en Mí. Lo que he prometido lo daré; lo que he dicho lo cumpliré; con tal de que el hombre permanezca fiel en mi amor hasta el fin. Por tanto, soy el galardonador de todos los hombres buenos y un firme aprobador de todos los que son piadosos.
“Escribe Mis palabras en tu corazón y considéralas diligentemente, porque te serán muy necesarias en el tiempo de la tentación.
Lo que no entiendas cuando leas, lo sabrás en el tiempo de tu visitación.
Suelo visitar a Mis elegidos de doble manera, a saber, mediante la tentación y mediante el consuelo, y les enseño dos lecciones día tras día: la una, reprendiendo sus faltas; la otra, exhortándoles a crecer en la gracia.
Quien tiene Mis palabras y las rechaza, tiene a quien le juzgará en el día final”.