El molinero apartó entonces a la compañía y les mostró nueve sacos de harina que estaban colocados tal como se representa en el croquis.
"Escuchad ahora todos y cada uno", dijo, "mientras os propongo el acertijo de los nueve sacos de harina. Y tened en cuenta, mis señores y amos, que hay sacos individuales en los extremos, parejas junto a ellos y tres juntos en el medio. ¡Por san Benito!, da la casualidad de que si multiplicamos la pareja, 28, por el saco individual, 7, el resultado es 196, que es en verdad el número indicado por los sacos del medio. Sin embargo, no es cierto que la otra pareja, 34, al ser multiplicada por su vecino, 5, dé también 196. Por lo cual os ruego, gentiles señores, que recolocuéis los nueve sacos con el menor esfuerzo posible de modo que cada pareja, al ser multiplicada por su vecino individual, dé como resultado el número del medio".
Como el molinero ha estipulado de hecho que se muevan tan pocos sacos como sea posible, solo hay una respuesta para este rompecabezas, que todo el mundo debería ser capaz de resolver.