Cuando el Tejeor sacó un trozo cuadrado de hermosa tela, primorosamente bordado con leones y castillos, tal como se representa en la ilustración, los peregrinos discutieron entre ellos sobre el significado de estos adornos.
El Caballero, sin embargo, que era experto en heráldica, explicó que probablemente derivaban de los leones y castillos que figuran en las armas de Fernando III, el rey de Castilla y León, cuya hija fue la primera esposa de nuestro Eduardo I. En esto indudablemente acertó.
El acertijo que propuso el Tejeor fue este.
«Veamos por esta vez —dijo— si hay alguien en la compañía que pueda mostrar cómo este trozo de tela puede cortarse en cuatro piezas distintas, cada una del mismo tamaño y forma, y cada pieza con un león y un castillo».
No consta que nadie dominara este acertijo, aunque es perfectamente posible resolverlo de manera satisfactoria. Ningún corte puede atravesar ninguna parte de un león o un castillo.