Dividió las botellas en tres grupos de varias maneras que a primera vista parecían bastante justas, ya que dos botellas pequeñas contenían exactamente la misma cantidad de vino que una grande. Pero las botellas grandes en sí mismas, cuando estaban vacías, no valían dos pequeñas.
De ahí la orden del abad de que cada hombre debiera llevarse el mismo número de botellas de cada tamaño.
Finalmente, el bodeguero tuvo que consultar a uno de los monjes que se le daba bien este tipo de acertijos, y que le enseñó cómo se hacía la cosa. ¿Puedes averiguar exactamente cómo se hizo el reparto?