Russell tenía razón, pues esa misma noche envió el número por correo, con el resultado de que el coche huido fue localizado de inmediato, y su propietario, que iba conduciendo él mismo, tuvo que pagar el costo de los daños ocasionados por su descuido. ¿Cuál era el número del coche?
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64 .— The Runaway Motor-Car.
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