Este digno hombre era, como nos cuenta Chaucer, «un muy perfecto y gentil caballero», y «había estado en muchas nobles huestes; en batallas mortales había estado quince».
Su escudo, tal como se le ve mostrárselo a la compañía en el «Tabard» en la ilustración, era, en el lenguaje peculiar de los heraldos, «argent, semée of roses, gules», lo que significa que sobre un fondo blanco había rosas rojas esparcidas o dispersas, como la semilla que la mano siembra.
Cuando este caballero fue llamado a proponer un acertijo, dijo a la compañía: «Este enigma me lo propuso un hombre cuando luchaba con el señor del Palatino contra los paganos en Turquía. Toma en tu mano un trozo de tiza y averigua cuántos cuadrados perfectos puedes hacer con una de las ochenta y siete rosas en cada una de sus esquinas».
El lector puede encontrar un problema interesante en contar el número de cuadrados que se pueden formar en el escudo uniendo cuatro rosas.