realidad, pero había balizas, tenues puntos de luz hacia los cuales él trazaría un rumbo sobre la superficie de sus mares turbulentos.
Tomó el libro de referencia y se sentó. Empezó por la A y comenzó a revisarlo sistemáticamente. En la H grabó en su memoria la calle y el número de teléfono de la casa de Hollander. Siguió pasando las páginas sin interés.
Al final de las M, para su marcada perplejidad, dio con la dirección y el número de teléfono de Marge Myles.