En Finlandia, uno de los hogares de la democracia burguesa, ayudaron a la burguesía finlandesa a fusilar de 13 000 a 14 000 proletarios y a torturar hasta la muerte a más de 15 000 en las prisiones. En Helsingfors, deseosos de protegerse contra el fuego de ametralladora, empujaron a mujeres y niños delante de sus filas. Gracias a su ayuda, los guardias blancos finlandeses y sus auxiliares suecos pudieron disfrutar de esta orgía de sangre tras haber vencido al proletariado finlandés. En Tammerfors, obligaron a mujeres y niños a cavar sus propias tumbas antes de ser masacrados. En Viborg, mataron a miles de rusos, hombres, mujeres y niños.
“Dentro de sus propias fronteras, la burguesía alemana y la socialdemocracia alemana manifestaron un grado aún mayor de violencia reaccionaria. Las revueltas de los obreros comunistas fueron ahogadas en sangre; Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo fueron brutalmente asesinados; los obreros espartaquistas fueron masacrados. La bandera bajo la cual marcha la burguesía es la bandera del Terror Blanco —el Terror de masas y el Terror individual.
“Vemos el mismo panorama en otras tierras. En la Suiza democrática todo está preparado para el castigo de los trabajadores si osan infringir la ley capitalista. En América parecería que la prisión, la ley de linchamiento y la silla eléctrica son los símbolos elegidos de la democracia y la libertad. En Hungría y Gran Bretaña, en Checoslovaquia y Polonia, en todas partes es lo mismo. Los asesinos burgueses no retroceden ante las acciones más atroces. Con la esperanza de fortalecer su régimen, fomentan el chovinismo y