medida en que hayan adoptado la perspectiva proletaria”.[§25]
El proceso de concentración y centralización del capital, que destruyó la libre competencia, condujo a principios del siglo XX a la creación de poderosos consorcios capitalistas monopolistas —sindicatos, cárteles y trusts—, los cuales adquirieron una importancia decisiva en la vida económica; condujo también a la fusión del capital bancario con el capital industrial altamente concentrado, y a una enérgica exportación de capitales a países extranjeros. Los trusts, que abarcaban a grupos enteros de potencias capitalistas, comenzaron el reparto económico del mundo, el cual ya había sido repartido territorialmente entre los países más ricos. Esta época del capital financiero, que intensifica inevitablemente la lucha entre los Estados capitalistas, es la época del imperialismo.[§26-28.]
De ahí surgen inevitablemente las guerras imperialistas, guerras por los mercados, por esferas para la inversión de capital, por materias primas y por fuerza de trabajo, es decir, guerras por la dominación mundial y por el poder sobre las naciones pequeñas y débiles. Tal fue la primera gran guerra imperialista de 1914 a 1918.[§29& 30.]