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nydus/The ABC of CommunismPublic
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El comunismo y el problema de las nacionalidades

ha seguido abrigando desconfianza hacia todos los rusos; no meramente hacia el zar ruso, el terrateniente ruso y el capitalista ruso.

Si hemos de erradicar la desconfianza que los trabajadores de las naciones oprimidas sienten hacia los trabajadores de las naciones opresoras, no debemos limitarnos a proclamar la igualdad nacional, sino que debemos hacerla realidad en la práctica.

Esta igualdad debe encontrar expresión en la concesión de iguales derechos en materia de lengua, educación, religión, etc.

Y esto no es todo. El proletariado debe estar dispuesto a otorgar la completa libre determinación nacional, debe estar dispuesto, es decir, a conceder a los obreros que constituyen la mayoría en cualquier nación el pleno derecho a decidir la cuestión de si esa nación ha de integrarse completamente con la otra, o ha de federarse con ella, o ha de separarse enteramente de ella.

¿Es posible, se preguntará el lector, que los comunistas puedan abogar por la separación de las naciones?

¿Cómo llegará entonces a existir ese Estado proletario unificado que abarca al mundo entero que los comunistas aspiran a fundar?

Parece haber aquí una contradicción.

No hay contradicción, sin embargo. Con el fin de asegurar tan rápidamente como sea posible la plena unión de todos los trabajadores del mundo, a veces es necesario consentir la separación temporal de una nación de otra.

Consideremos las circunstancias en las que tal proceder puede ser necesario. Supondremos que en Baviera, que ahora forma parte de Alemania, se ha declarado una república soviética, mientras que en Berlín sigue prevaleciendo la dictadura burguesa de Noske y Scheidemann.

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