La unificación significa, además, la abolición de la clasificación de las escuelas en escuelas elementales, medias y superiores, que no tienen conexión alguna entre sí y que trabajan de acuerdo con programas completamente independientes unos de otros. Implica que ya no debe haber una división de las escuelas elementales, medias y superiores en escuelas de carácter general, por un lado, y escuelas especializadas o técnicas, por el otro, ni en escuelas comunes y escuelas para clases especiales de la población. La escuela unificada proporciona un único sistema gradual, por el cual todo educando de la república socialista puede y debe transitar. Los niños y las niñas comenzarán en el jardín de infancia y avanzarán juntos por todas las etapas hasta la cima. Esto concluirá la educación general obligatoria y también aquella educación técnica que sea obligatoria para cada alumno.
Para nuestros lectores será evidente que la escuela unificada no es meramente el ideal de todo educador avanzado, sino que es el único tipo de escuela posible en una sociedad socialista, es decir, en una sociedad sin clases o en una que se esfuerza por abolir las clases. Solo el socialismo puede realizar este ideal de la escuela unificada, aunque ciertos educadores burgueses hayan abrigado aspiraciones hacia ella.
La escuela de la república socialista debe ser una escuela del trabajo. Esto significa que la instrucción y la educación deben unirse al trabajo y deben basarse en el trabajo. El asunto es importante por muchas razones. Es importante, ante todo, por su relación con el éxito de la instrucción. Un niño aprende más fácilmente, con más agrado y más a fondo aquello que aprende, no de los libros o de las palabras del maestro, sino a partir de la experiencia personal de lo que hace con sus propias manos.