a un tipo de interés comparativamente bajo. Pero casi nadie le dará crédito al pequeño productor. Si es que logra pedir prestado, se le exigirán intereses exorbitantes. Así, el pequeño productor cae fácilmente en manos del usurero.
Todas estas ventajas inherentes a la empresa a gran escala explican por qué la producción en pequeña escala debe sucumbir indefectiblemente en la sociedad capitalista.
El gran capital aplasta al pequeño productor, le quita sus clientes y lo arruina, de modo que cae en las filas del proletariado o se convierte en un vagabundo.
En muchos casos, por supuesto, el pequeño patrono sigue aferrándose a la vida. Lucha desesperadamente, pone manos a la obra, obliga a sus obreros y a su familia a trabajar con todas sus fuerzas; pero al final se ve obligado a ceder su lugar al gran capitalista.
En muchos casos, quien parece ser un amo independiente es en realidad enteramente dependiente del gran capital, trabaja para él y no puede dar un solo paso sin su permiso. El pequeño productor se encuentra frecuentemente en las redes del prestamista. Ostensiblemente independiente, en realidad trabaja para esta araña. O es dependiente del comprador de sus mercancías. En otros casos es dependiente del taller para el cual trabaja. En este último caso, aunque aparentemente independiente, se ha convertido en realidad en un trabajador asalariado al servicio del capitalista que posee el gran taller. Puede suceder que el capitalista le proporcione materias primas y, a veces, también herramientas; en Rusia,