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La Organización de la Distribución

Por regla general, la sociedad no sirve a nadie más que a sus propios miembros; y si suministra productos a la población general, lo hace únicamente en la medida en que esto pueda llevarse a cabo sin perjuicio para los miembros. Nosotros, por otra parte, consideramos necesario que toda la población esté organizada en cooperativas, que cada miembro de la comunidad pertenezca a una cooperativa. Solo entonces la distribución a través de las cooperativas significará la distribución a toda la población.

En una sociedad distributiva de cooperativistas, el trabajo se lleva a cabo habitualmente bajo la administración de todos los miembros de la sociedad. En la realidad, por regla general, un grupo bastante pequeño de los miembros es responsable de la gestión de los asuntos, pero esto depende de los propios miembros. La constitución de la sociedad sitúa el control absoluto en manos de la asamblea general de los miembros. Si todos los ciudadanos de la república están inscritos en las cooperativas, tienen el poder absoluto para controlar estas organizaciones de abajo arriba, controlando así todo el aparato de distribución en el Estado proletario. Si las masas mostraran suficiente independencia, podrían erradicar de forma resuelta y exitosa la mala administración y la burocracia de la labor de distribución, y podrían garantizar así la puntualidad y la precisión requeridas en toda la organización cooperativa del Estado. Cuando los propios consumidores participan en la labor de distribución, los órganos distributivos ya no flotarán en el aire por encima de las masas, sino que se convertirán en instrumentos en manos de las masas mismas. Esto promoverá indudablemente el desarrollo de una conciencia comunista y favorecerá el crecimiento de una disciplina de camaradería

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