En esta cuestión el proletariado debe seguir el ejemplo dado por cualquier empleador inteligente. Debe pagar más para obtener un trabajo mejor de personas cuyos servicios resultan indispensables en este momento.
Manifiestamente, sin embargo, sigue siendo nuestra política fundamental trabajar por un sistema de igual retribución para todos.
El Poder Soviético ya ha hecho mucho en esta dirección. En una época, el salario de los empleados superiores (directores, jefes de contabilidad, ingenieros y organizadores importantes, expertos consultores científicos, etc.), con el añadido de diversos honorarios especiales, era muchas docenas de veces superior al del obrero ordinario. Ahora a los primeros se les paga en promedio solo cuatro veces más que a los segundos.
A pesar de lo dicho anteriormente, ya hemos avanzado una distancia considerable hacia la igualación de las escalas salariales.
Asimismo, se está llevando a cabo una nivelación en lo que respecta a las diferentes categorías de trabajadores.
Según los datos facilitados por el camarada Schmidt, en el año 1914 se pagaba un salario diario de 50 kopeks al 4,48 por ciento de los trabajadores, y en el mismo año había unos pocos obreros (el 0,04 por ciento) que ganaban más de 10 rublos al día. Por lo tanto, estos últimos percibían más de 20 veces lo que los primeros.
Sin duda, los afortunados que ganaban sueldos tan elevados en 1914 eran muy pocos en número, pero los había. En el año 1916, el porcentaje de trabajadores varones cuyas ganancias diarias ascendían a solo 50 kopeks era del ½ por ciento, mientras que el porcentaje de aquellos que ganaban más de 10 rublos era del 1,15 por ciento.
De conformidad con el decreto emitido en el otoño de 1919, el ingreso mínimo era de 1200 rublos y el máximo de 4800 rublos; esta última cifra