constituía también el máximo para los «especialistas».
El desprendimiento de muchos grupos de intelectuales técnicamente capacitados de la burguesía, y su adhesión a la causa del proletariado, se acelerará en la misma proporción en que el Poder Soviético se estabilice de manera más perfecta. En la medida en que el fortalecimiento del Poder Soviético es inevitable, la adhesión de los intelectuales es asimismo inevitable. Sería, por supuesto, absurdo por nuestra parte rechazarlos. Lejos de esto, debemos aceptarlos en nuestro servicio sobre la base de una colaboración de camaradería, para que en el trato con nosotros limen sus asperezas, para que al unirse a nosotros en la tarea común se conviertan en los nuestros. Tienen una masa de prejuicios tontos o maliciosos, pero bajo ciertas condiciones pueden cooperar y cooperarán con nosotros. Ya hoy, a través de la mediación de los sindicatos, se van asociando gradualmente a nuestra labor, se van habituando al nuevo estado de cosas y empiezan incluso a tomarnos afecto. Nuestra tarea principal, por tanto, es ayudar en este desarrollo y salir al encuentro de aquellos elementos que por sí mismos tienden a acercarse a nosotros. En