nuestros éxitos y vigilamos de cerca a todos los que tienen miedo, a todos los flojos, a todos los traidores; así aquí debemos controlarnos mutuamente. Traiciona la causa de los trabajadores quien ahora no ayuda a sacar el carro de los obreros del lodo; tal persona es un esquiroel.
Es evidente que la labor de crear una nueva disciplina laboral será ardua, pues implicará la reeducación de las masas.
La psicología de esclavo y los hábitos serviles siguen estando profundamente arraigados. Ocurre exactamente igual que en el caso del ejército. Cuando el zar empujaba, el soldado avanzaba; pero cuando se trataba de defender su propia causa, el soldado se rascaba la cabeza y no hacía nada. No obstante, pudimos resolver esta cuestión del ejército porque los miembros de la vanguardia obrera eran plenamente conscientes de lo que estaba en juego e hicieron todo lo necesario.
Ahora tenemos que lograr resultados similares en el caso de la producción. La reeducación de los trabajadores se verá facilitada por el hecho de que las propias masas laboriosas se dan cuenta (y la experiencia diaria se lo ha enseñado) de que su destino está en sus propias manos. Recibieron una lección muy clara cuando, durante un tiempo y en diversas regiones, el poder soviético fue derrocado por la contrarrevolución. Por ejemplo, en los Urales, en Siberia, etcétera.
Los comunistas, la vanguardia obrera, dieron un ejemplo llamativo de la nueva disciplina de camaradería cuando instituyeron los llamados sábados comunistas, en los que trabajaban de forma voluntaria y gratuita, aumentando la productividad del trabajo mucho más allá de lo ordinario.
El camarada Lenin habló de los sábados comunistas como «la gran iniciativa».