organizan abominables pogromos antijudíos, peores incluso que los que solía organizar la policía zarista. . . . Cuando los reaccionarios polacos y la chusma «socialista» asesinaron a los representantes de la Cruz Roja rusa, esto no fue más que una gota adicional en el océano de crímenes y atrocidades perpetrados por el canibalismo burgués en su agonía”.
A medida que la guerra civil se desarrolla, adopta nuevas formas. Cuando en cualquier país el proletariado es oprimido sin medida, libra esta guerra mediante una revuelta contra la autoridad estatal de la burguesía.
Ahora supongamos que en uno u otro país el proletariado ha salido victorioso y ha tomado la autoridad del Estado en sus propias manos. ¿Qué ocurre en este caso? El proletariado tiene a su servicio el poder estatal organizado, tiene el ejército proletario, tiene todo el aparato del poder.
Entonces el proletariado tiene que luchar contra la burguesía de su propia tierra, la cual organiza complots y levantamientos contra la autoridad proletaria. Además, el proletariado organizado como Estado tiene que luchar con los Estados burgueses. Aquí la guerra civil adopta una nueva forma, pues la guerra de clases se convierte en guerra en el sentido ordinario cuando el Estado proletario lucha contra los Estados burgueses; los trabajadores ya no luchan simplemente contra la burguesía, sino que el Estado obrero se halla enzarzado en una guerra formal contra los Estados imperialistas del capital.
Esta guerra se lleva a cabo, no por la apropiación de los bienes ajenos, sino por la victoria del comunismo, por la dictadura de la clase trabajadora.
Esto es lo que ha ocurrido en realidad. Tras la revolución rusa de noviembre de 1917, el Gobierno soviético fue atacado por todos lados