fin al caos, a la «anarquía» del sistema capitalista. En esto radica la esencia misma del comunismo. Desde luego, sería absurdo esperar que en un corto espacio de tiempo, cuando reinan el hambre y el frío, y cuando hay escasez de combustible y materias primas, sea posible alcanzar rápidamente resultados permanentes y satisfactorios. Pero si bien es cierto que las personas no viven en los cimientos de su casa, y que no pueden vivir en la casa en absoluto hasta que esta haya sido erigida sobre sus cimientos y hasta que se hayan retirado los andamios, no es menos cierto que los cimientos son absolutamente indispensables. Esta comparación puede aplicarse a la construcción de la sociedad comunista. Los cimientos de la sociedad comunista se establecen mediante la organización de la industria y, ante todo, mediante una unificación deliberada de la industria bajo el control del Estado.
Para llevar a cabo este diseño en la práctica, era necesario, ante todo, hacer balance. Teníamos que saber con precisión de qué recursos disponía el Poder proletario. Teníamos que saber qué suministros había, cuántas empresas, etcétera.
Poco a poco surgieron vínculos entre lo que antes habían sido empresas independientes. Surgieron instrumentos centrales para el suministro de materias primas, combustible y accesorios. Se creó una red de órganos para la administración local y central de la industria, la cual ya estaba en condiciones de elaborar un plan general y de aplicarlo en todo el país.
El aparato administrativo de la industria, considerado desde arriba, está construido del siguiente modo. Al frente de cada fábrica se halla la administración obrera de fábrica. Esta se compone habitualmente de los obreros de la empresa, que son miembros de los sindicatos correspondientes, y de miembros del personal técnico que son nombrados con la aprobación del comité central del sindicato obrero; dos