les encomendó escribir un manifiesto en su nombre. Tal fue el origen del Manifiesto del Partido Comunista, en el cual los grandes campeones del proletariado expusieron por primera vez la doctrina comunista.
En 1864 se constituyó bajo la dirección de Marx la Asociación Internacional de los Trabajadores, hoy conocida comúnmente como la Primera Internacional.
En la Primera Internacional estaban asociados varios líderes de la clase obrera de diversos países, pero faltaba unidad. Además, la organización aún no se basaba en las amplias masas de los trabajadores, sino que adoptaba más bien la forma de una sociedad internacional de propagandistas revolucionarios.
En 1871 los miembros de la Internacional tomaron parte en el levantamiento de los obreros parisinos (la Comuna de París). A continuación sobrevino en todas partes la persecución de las secciones de la Internacional. Esta se desmoronó en 1874, tras haber quedado muy debilitada por las disensiones internas y por las luchas entre los partidarios de Marx y los del anarquista Bakunin.
Tras la disolución de la Primera Internacional, comenzó el crecimiento de los partidos socialistas en varios países. Cuanto más rápido era el desarrollo de la industria, más rápido resultaba el crecimiento de dichos partidos. La necesidad de apoyo mutuo se sintió con tanta fuerza que en 1889 se celebró un congreso socialista internacional al que asistieron delegados de los partidos socialistas de numerosos países.
Así surgió la Segunda Internacional. La Segunda Internacional se mantuvo en existencia hasta 1914, año en que la guerra le dio el golpe de gracia. Las causas de su fracaso serán tratadas en la sección siguiente.
En el Manifiesto comunista, Marx ya lanzó el grito de guerra: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. He