conquistas de su revolución. Sin el Ejército Rojo habrían sido aplastados por las fuerzas de la reacción interna y extranjera.
Un Ejército Rojo no puede establecerse sobre los cimientos del servicio militar universal. Mientras la lucha sigue en curso, el proletariado, aun cuando el éxito se vislumbre, no puede arriesgarse a confiar fusiles a los miembros de la burguesía urbana o a los campesinos ricos.
El ejército proletario debe estar compuesto exclusivamente por personas pertenecientes a la clase obrera, por personas que no explotan el trabajo ajeno y que están directamente interesadas en la victoria de la revolución de los trabajadores.
Solo los obreros industriales de las ciudades y los campesinos pobres de las aldeas deben constituir el núcleo y la base del Ejército Rojo, el cual se convertirá en un ejército de toda la población trabajadora mediante la adhesión de los campesinos medios.
En lo que se refiere a los miembros de la burguesía y del estrato rico del campesinado, estos deben cumplir con sus obligaciones militares hacia el Estado proletario mediante servicios de milicia lejos del frente de combate.
Naturalmente, no debe considerarse que esto implica que un poder proletario suficientemente poderoso se abstenga, a su vez, de obligar a los explotadores a disparar contra sus amigos blancos en las trincheras opuestas, del mismo modo que la burguesía, con la ayuda de su ejército permanente, obligó a los proletarios a disparar contra sus hermanos de clase.
El ejército permanente de la burguesía, aunque se establece sobre la base del servicio militar universal y aunque en apariencia es un ejército de todo el pueblo, es en realidad un ejército de clase.