La guerra imperialista hizo imposible que Rusia importara maquinaria agrícola. La producción nacional de dicha maquinaria nunca ha estado a la altura de la demanda. Muchas máquinas, y entre ellas las mejores y más complicadas, se habían importado hasta entonces de Alemania, Suecia y los Estados Unidos de América.
Además, debido a la falta de metales, la escasez de combustible y muchas otras causas, la producción nacional de maquinaria agrícola ha caído a un mínimo. Todo esto ha conducido a una grave escasez de aperos de labranza.
En vista de la enorme demanda de maquinaria y herramientas, y en vista de la escasa oferta de estos elementos esenciales accesible al Estado proletario, se ha convertido en una cuestión de extrema importancia que distribuyamos correctamente los implementos de los que disponemos y aseguremos su utilización más ventajosa.
Pero mientras exista la propiedad privada de los aperos agrícolas, su uso adecuado sigue siendo imposible, dado que durante periodos considerables las máquinas permanecen inactivas; su propietario no las está utilizando justo en los momentos en que, por falta de ellas, sus vecinos no pueden arar sus campos o no pueden cosechar las mieses.
Para poder prestar ayuda a aquellos estratos de la población rural que más padecen la falta de aperos, y para poder garantizar que los aperos sean plenamente utilizados, debemos velar por no suministrar maquinaria y herramientas para el uso permanente de propietarios privados, sino que debemos asegurar que se conserven en estaciones de alquiler, donde estarán disponibles para todos los que los necesiten. En