Por otra parte, el partido tiene que oponerse firmemente a la opinión absurda e infantil de que podemos prescindir por completo de los servicios de los expertos. Esto sería prepotente.
Una idea semejante solo puede ser abrigada por personas tozudas pero ignorantes que nunca han reflexionado seriamente sobre las tareas que ahora debe asumir el proletariado.
El proletariado tiene que llevar a cabo la producción contemporánea con la ayuda de los últimos logros de la ciencia. Tal debe ser, al menos, su objetivo. Desde luego, creará (ya está creando) sus propios ingenieros y técnicos gerentes rojos, del mismo modo que está produciendo sus propios comandantes rojos.
Pero el tiempo presiona. Tenemos que utilizar los materiales que tenemos a mano, y solo necesitamos procurar que, al utilizarlos, tomemos precauciones contra cualquier resultado adverso mediante un control organizado de la labor de todas las personas que nos son hostiles en el plano sentimental.
A este respecto, tenemos otra cuestión que considerar, la cuestión de la remuneración. El objetivo del comunismo es garantizar igual remuneración para todos. Desgraciadamente, sin embargo, no podemos alcanzar el comunismo de un solo salto. Solo estamos dando los primeros pasos hacia él. En este asunto, asimismo, debemos guiarnos por consideraciones utilitarias.
Si hubiéramos de dar a los expertos la misma paga que recibe un trabajador común, les daría igual ser trabajadores comunes, ingenieros o chicos de los recados. Seríamos estúpidos si intentáramos exigir un buen trabajo a tales personas, que están acostumbradas a un género de vida diferente. Es mejor darles más dinero si con ello podemos asegurar mejores resultados.