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El comunismo y el problema de las nacionalidades

¿Acaso permitir tales secesiones no equivaldría a fortalecer la barbarie a expensas de la civilización?

Opinamos que, cuando el socialismo se haya realizado en los países más avanzados del mundo, los pueblos atrasados y semisalvajes estarán perfectamente dispuestos a unirse a la alianza general de los pueblos.

La burguesía imperialista, que se ha apoderado de sus posesiones coloniales y las ha anexionado por la fuerza, tiene buenas razones para temer la secesión de las colonias.

El proletariado, al no tener deseos de saquear las colonias, puede obtener de ellas mediante el intercambio de mercancías las materias primas que se necesiten, y puede dejar a los nativos de las tierras atrasadas el derecho a arreglar sus propios asuntos internos como les plazca.

El Partido Comunista, por consiguiente, deseando poner fin para siempre a todas las formas de opresión nacional y desigualdad nacional, proclama la reivindicación del derecho nacional a la autodeterminación.

El proletariado de todos los países hará uso de este derecho, en primer lugar para destruir el nacionalismo, y en segundo lugar para formar una liga federativa voluntaria.

Cuando esta liga federativa demuestre ser incompetente para establecer un sistema económico mundial, y cuando la gran mayoría se haya convencido de su insuficiencia por la experiencia real, habrá llegado el momento de la creación de una república socialista mundial.

Si examinamos la manera en que la burguesía planteó y resolvió el problema de la nacionalidad (o, como sucedió la mayoría de las veces, complicó la cuestión), vemos que en los días de su juventud la clase capitalista abordó las cuestiones nacionales de una manera, y que en los días de su vejez y decadencia las aborda de forma muy distinta.

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