interferir demasiado con el libre movimiento del ejército. Cuando el ejército es numéricamente muy superior al enemigo, o cuando se cruza el río justo después de obtenida una gran victoria, la dificultad mencionada es insignificante; pero cuando la campaña acaba de comenzar y los dos ejércitos opuestos son casi iguales, el caso es muy diferente.
Si cien mil franceses cruzan el Rin en Estrasburgo o en Mannheim en presencia de cien mil austriacos, lo primero que debe hacerse es rechazar al enemigo en tres direcciones: primero, delante de ellos hasta la Selva Negra; segundo, por la derecha para cubrir los puentes del Alto Rin; y tercero, por la izquierda para cubrir los puentes de Maguncia y del Bajo Rin. Esta necesidad es la causa de una desafortunada división de las fuerzas; pero, para reducir al mínimo los inconvenientes de esta subdivisión, debe insistirse en la idea de que de ningún modo es esencial que el ejército se divida en tres partes iguales, ni es necesario que estos destacamentos permanezcan ausentes más tiempo que el de los pocos días requeridos para tomar posesión