Era difícil hablar (con provecho y honor) con la gente de Hû-hsiang, y habiendo tenido un muchacho de aquel lugar una entrevista con el Maestro, los discípulos dudaron.
El Maestro dijo: «Admito a los que se me acercan sin comprometerme con lo que puedan hacer cuando se hayan retirado. ¿Por qué hay que ser tan severo? Si un hombre se purifica para atenderme, lo recibo ya purificado, sin garantizar su conducta pasada».