El Maestro tocaba un día una piedra sonora en Wei, cuando un hombre, que llevaba una cesta de paja, pasó por la puerta de la casa donde estaba Confucio y dijo: «Tiene el corazón lleno quien de tal modo golpea la piedra sonora».
Un poco después, añadió: «¡Qué despreciable es la obstinación de idea fija que demuestran esos sonidos! Cuando a uno no se le hace caso, simplemente tiene que abandonar de inmediato su deseo de un empleo público. "Las aguas profundas deben cruzarse con la ropa puesta; las aguas poco profundas pueden cruzarse con la ropa levantada"».
El Maestro dijo: «¡Cuán resuelto es en su propósito! ¡Pero esto no es difícil!».