El Maestro dijo: «¡Cuán grande en verdad fue Yâo como soberano! ¡Qué majestad la suya! Solo el Cielo es grandioso, y solo Yâo estuvo a su altura. ¡Cuán inmensa fue su virtud! El pueblo no encontraba palabras para nombrarla.
“¡Cuán majestuoso era en las obras que realizó! ¡Cuán glorioso en las elegantes normas que instituyó!”