Al ver el semblante, se alza al instante. Vuela en derredor y, al poco rato, se posa.
El Maestro dijo: «Ahí está el faisán de monte en el puente de la colina. ¡A su debido tiempo! ¡A su debido tiempo!».
Tsze-lû le hizo un gesto. Tres veces lo olfateó y luego se levantó.