El Maestro dijo: «El sabio y el hombre de perfecta virtud; ¿cómo me atrevería a equipararme con ellos? De mí tan solo puede decirse que me esfuerzo en llegar a serlo sin saciedad y que enseño a los otros sin cansancio».
Kung-hsî Hwâ dijo: «Esto es precisamente lo que nosotros, los discípulos, no podemos imitar en usted».